La historia de este gran emprendimiento que, ahora es parte de la representatividad sigchense inició cuando un habitante de la comunidad de Quinticusig se olvidó por algunos días el mortiño en un balde, estos se fermentaron y producto de aquello nació la idea de producir vino de mortiño en las comunidades del cantón Sigchos.

Actualmente, Quinticusig es una comunidad donde se produce el vino de mortiño, un producto con identidad, brindando fuentes de trabajo a más de medio centenar de familias. El trabajo comunitario es su mejor carta de presentación sumado a la calidad del producto, el vino de esta fruta silvestre ya se comercializa en el país.

Hace cinco años, el proyecto fue cristalizado con la finalidad de mejorar las condiciones de vida de sus habitantes a través de su producción.

Dentro de las aspiración se encuentra el comercializar el producto a mayor escala, puesto que, actualmente se exhiben en las perchas de los principales supermercados del país.

El DATO
La materia prima es el mortiño, una fruta silvestre que crece entre los pajonales de la parte alta del cantón, su cosecha se realizaba cada cierto tiempo y por ende la venta del producto era una vez al año, en el mes de noviembre para la preparación de la tradicional colada morada por el día de los difuntos.

En la actual administración, su alcalde el Msc. Oscar Monge desarrolla acercamientos con diferentes organizaciones comunitarias y campesinas para reconocer la «ruta del mortiño» que comprenderían íconos turísticos como: Los Ilinizas, laguna del Quilotoa, Isinliví, Chugchilán, entre otros lugares.
El vino de mortiño, tras el esfuerzo diario de quienes hacen posible este producto, son reconocidos a nivel nacional, llegando a alcanzar el «premio verde», felicidades por sus logros.[I]   

 

 

 

 

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